Fin de semana en Nueva York con mi padre

Lo que las agencias te suelen planificar para una semana me lo recorrí yo en menos de dos días. ¿La razón? Mi padre. Un espíritu joven y aventurero que decidió volar desde Barcelona a Manhattan para abrazarme después de seis meses sin verme.

En esta visita exprés de un fin de semana en Nueva York (primera visita desde que empecé el programa de Au Pair en septiembre) nos dejamos llevar por la improvisación, igual que hice en Filadelfia, ¿recuerdas? Bien, pues estos fueron los atractivos que se cruzaron por nuestro camino durante nuestra expedición en la Gran Manzana:

Me encontré con mi padre en el Hotel Pennsylvania a las 5 de la tarde. Después de los abrazos de oso, hacer el check-in y una mini siesta nos dirigimos a Times Square (aunque no pudimos resistir hacer una pequeña desviación hacia el Rockefeller Center, que quedaba a unos 8 minutos).

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Times Square

Triángulo formado por 42nd Street, Broadway y la 7th Avenue, Times Square (nacida con el nombre de Longacre Square en el siglo 19) es el centro de las miradas por sus miles de luces y pantallas que la rodean. Lugar más que buscado por los turistas para celebrar el año nuevo y ver caer la famosa bola que anuncia la cuenta atrás. Allí también se encuentra el departamento de la policía de Nueva York, como dato curioso.

El siguiente día nos levantamos pronto para aprovechar el tiempo. Ojeamos el mapa y nos marcamos el recorrido que te presento a continuación:

Flatiron building, apodo que le pusieron los neoyorquinos de la época por su semejanza a una plancha, fue construido por el arquitecto Daniel Burnham (tiene gracia, porque si traduces su apellido de forma literal significa ‘quemar-jamón’) en 1902. El edificio de estilo renacentista italiano se sitúa en la concurrida intersección de la Quinta Avenida con Broadway y está presente en películas como Godzilla, Spiderman o Hitch.

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Flatiron Building

Siguiendo el recorrido en dirección sud pasamos por Union Square donde coincidimos con el Greenmarket, un mercado de granjeros, pescadores y panaderos que venden sus productos frescos y de calidad. Personajes de reconocimiento mundial como el presidente George Washington o Gandhi tienen su propia estatua en la misma plaza. De allí continuamos hasta llegar a Washington Square, cuyos dos elementos más representativos son el arco de triunfo dedicado a George Washington y la fuente central. Se encuentra a escasos metros de la NYU (New York University) y es muy frecuentada por skaters y artistas callejeros.

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Arco de Triunfo en Washington Square

Minutos después nos adentramos en Lower Manhattan, donde nos perdimos por los barrios SoHo y Little Italy.  El primero, cuyo nombre completo sería South of Houston Street, fue un barrio formado por industrias textiles que posteriormente (años 60) fueron habitadas por artistas que compraron pequeños desvanes y estudios a precios muy bajos. Hoy en día puedes encontrar boutiques, restaurantes y galerías de arte que hacen de SoHo un barrio exquisito. En cuanto a Little Italy, todo gira entorno a cafeterías, pizzerías y los colores de su bandera. Si bien es cierto que Chinatown la está invadiendo poco a poco, todavía se puede identificar la influencia italiana en la Mulberry Street.

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Calles del barrio SoHo

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Barrio Little Italy

La pausa para comer la hicimos en Chinatown, un barrio en contínuo crecimiento donde tanto sus calles, habitantes, olores y sabores te transportan a China (aunque a mi también me recordó al barrio chino de San Francisco). ¡Antes de que se me olvide! Una neoyorquina nos recomendó dos restaurantes de buena calidad y precio en la calle Baxter número 87 y 89. Nosotros apostamos por el Thai Son Vietnamese y salimos encantados (al lado se encuentra NHA Trang, que según la mujer también valía la pena. ¡Tu eliges!).

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Callejuela en el barrio chino

Continuamos nuestra ruta por el One World Trade Center y el Memorial del 11-S, lo que nos transmitió un conjunto de sensaciones que nunca olvidaré. Encontrar dos grandes agujeros donde anteriormente se levantaban las monstruosas Torres Gemelas hace que se te ponga la piel de gallina. Ahora hay dos cuadrados (las bases de las torres) hundidos donde el agua cae en forma de cascada y en cuyos bordes se reflejan los nombres de los fallecidos en el ataque terrorista de 2001. La nueva torre, One World Trade Center, se impone ante nosotros con sus grandes dimensiones e inspira mensajes de esperanza, fuerza y respeto.

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Torre Norte (WTC1)

La única actividad que sí teníamos prevista fue visitar la Estatua de la Libertad en Liberty Island. Para ello, tomamos un ferry desde Battery Park que nos dejó en la isla, desde la cual nos recogería otro ferry para desembarcar en Ellis Island, por la que pasaron 12 millones de inmigrantes entre 1892 y 1954. “La libertad iluminando el mundo” es obra de Auguste Bartholdi con el apoyo de Gustave Eiffel y fue un regalo de los franceses a los Estados Unidos en 1886 por el centenario de la Declaración de la Independencia. Para subir a la corona es recomendable adquirir los tickets con bastante antelación en statuecruises.com

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Estatua de la libertad (Liberty Island)

Una vez devueltos a Manhattan, saludamos al Toro de Wall Street y llegamos al cruce de Broad Street con Wall Street, donde identificamos el edificio de la Bolsa (el mercado de valores más grande del mundo) y el Federal Hall, primer capitolio de los Estados Unidos y donde nombraron al primer presidente, George Washington en 1789.

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Edificio de la Bolsa, Nueva York

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Federal Hall en Wall Street

El puente de Brooklyn nos quedaba a unos 10 minutos de allí así que sin resistir a la tentación pusimos rumbo directo. El puente se construyó para unir Manhattan con Brooklyn, (que en aquella época todavía eran dos ciudades separadas), ya que el único modo de cruzar el río East era mediante ferry. Su principal diseñador fue John Augustus Roebling, que murió a causa de un accidente de construcción. Su hijo tomó las riendas del proyecto hasta sufrir otro accidente, por lo que fue la esposa quien finalmente se hizo cargo de terminar la obra y la primera persona que lo cruzó en 1883 cuando fue abierto al público.

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La esposa de John Roebling cruzando el puente en 1883 (es broma)

Para rematar el día nos asomamos a la Grand Central Terminal (otro lugar clave donde se han filmado escenas de películas como Superman, Man in Black o Madagascar) cuyo hall principal impresiona por sus dimensiones (más de 1.000m2). El suelo de mármol resplandece con la luz natural que se filtra por los ventanales de la estación. Para sacar la mejor foto tienes que asomarte a uno de los balcones de los extremos, desde donde podrás observar a los pasajeros ir de un lado a otro en busca de su andén. El mural de constelaciones del techo (por el pintor Paul Helleu) no pasa desapercibido. ¡Dicen que el cielo está dibujado a la inversa! Una de las teorías apunta a que se hizo para mostrarlo desde la perspectiva de Dios, aunque otros defienden que fue un error en los planos del dibujo (ahí lo dejo).

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Hall principal en Grand Central Terminal

El último día decidimos disfrutarlo de forma más relajada. Nuestro objetivo final era el Central Park, y como yo ya no sabía si me quedaba suela de zapato para continuar a pie, alquilamos unas bicicletas durante dos horas ($15) y pedaleamos tranquilamente por el parque. Durante el paseo nos detuvimos en el Strawberry Fields, dedicado a John Lennon, que murió asesinado a pocos metros del parque. Cruzamos varios de los característicos puentes, vimos la famosa fuente Bethesda y visitamos el Castillo Belvedere, que nos regaló unas vistas magníficas. Los 4 kilómetros de parque dan para mucho, lo que lo convierte en el lugar favorito de deportistas y familias (sin olvidar a los turistas).

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Vistas de Central Park desde el castillo

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Strawberry Fields


Moverse por Nueva York es bastante sencillo (fíjate en su mapa) aunque pasarse dos días caminando es agotador. Mi recomendación sería pasar 4 días y 3 noches, así te da tiempo de cubrir la zona de Greenwich village, ver algún show en Broadway, entrar en museos o asistir a un partido de la NBA en el Madison Square Garden, por ejemplo. Nosotros sólo cogimos un metro desde Brooklyn hasta la zona de Grand Station para ahorrar en tiempo (y dar un descanso al body). ¿Vas a viajar a Nueva York próximamente? Si tu respuesta es afirmativa te animo a tomar un café juntos (y si puedes me traes un bocadillo de jamón) 😉

Judith

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