Descubrir Tu Propio Mundo Cuando Estás Lejos De Casa

Ya suman cuatro meses desde que me despedí de mi hogar por un año. Cuatro meses que a veces pueden parecer mucho y otras veces poco, depende del día que tengas. En cualquier caso, es tiempo suficiente para confirmar que salir de tu burbuja pone tus cinco sentidos alerta de toda actividad que pase a tu alrededor. Incluso podría asegurar que hasta te escuchas más a ti mismo, prestas más atención a tus pensamientos y acciones.

Te vuelves como un imán que atrae al conocimiento, porque la gran mayoría de “cosas” con las que de alguna forma interactúas son nuevas o diferentes para ti, y tu mente se excita, pues tiene contenido fresco e interesante con el que entretenerse.

Necesito más ojos.

Necesito más ojos.

Hay viajeros de diferentes partes del mundo que después de volver de sus aventuras por un largo período de tiempo se dan cuenta de que en casa prácticamente nada ha cambiado, sino que son ellos los que han añadido nuevas características a su ser, a su forma de ver la vida. Hay viajes que te cambian por dentro y por fuera, que te hacen crecer, que te completan. Pero eso todavía no lo puedo corroborar (¡aún tengo ocho meses por delante!). Sin embargo, sí que puedo anotar el hecho de que el paso del tiempo es distinto. Cuando eres tú el que está viajando tienes la sensación de que en tu ciudad el tiempo se ha parado o va más lento, que todo sigue igual: las rutinas de tus conocidos, los establecimientos locales, los horarios del transporte público, los planes del fin de semana, los programas de la tele, las noticias, las canciones de la radio, incluso las plantas del vecino.

Otra realidad es que cuando estás lejos de casa descubres lo que realmente es importante para ti, en tu vida (es lo que más añoras, es aquello que te falta). A veces son pequeños detalles que antes no tenías en cuenta y que ahora que no lo tienes cerca notas como un vacío (podrías substituirlo por algo/alguien distinto, aunque no siempre es sencillo porque no existen dos piedras iguales). Así, aprendes a apreciar más aquello que de verdad te aporta algo en tu día a día.

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Hogar, dulce hogar…

El propósito de este viaje es encontrarme a mí misma, descubrirme (porque cuando vives en un mismo sitio, tu alrededor cambia muy lentamente y no te da pistas para averiguar cuáles son tus límites, tus fortalezas, tus miedos, tus pasiones…). Los días se vuelven iguales, ¡aburridos! Todo parece plano y monótono. Necesitamos retos, situaciones nuevas, personas diferentes, costumbres que se salgan de “lo normal” para uno mismo. Es entonces cuando la vida te pone a prueba y puedes aprender lecciones que te permitirán crecer como persona y te ayudarán a ser alguien mejor, alguien más seguro con ideas claras y con una actitud entusiasta, fuerte, motivadora. Esa confianza te empujará día tras día para superarte a ti mismo y cumplir sueños a partir de pequeños logros que uno acumula por el camino.

Si lo consigues, habrás encontrado tu balanza o “paz interior”.  Es algo así como construir una serie de cadenas formadas por tres fases: EXPERIENCIA > APRENDIZAJE > LOGRO y que si pones todo tu empeño te brindará una satisfacción increíble. Oh Yeah! Son momentos en los que te sientes capaz de todo (y no estoy hablando de ninguna película, sino de sensaciones que existen en la vida real).

Un viaje de este tipo es una experiencia que, en cierto modo, te obliga a aprender a una velocidad superior a lo que lo harías en tu zona de confort. Las lecciones que la vida te pone por delante durante la aventura las recibes de forma más constante e intensa. Es como apuntarse a un curso intensivo de cocina, de inglés o de lo que sea. Hay veces que no te da tiempo ni de pensar, sino que la lección aparece de repente y no tienes más remedio que digerirla en el momento y aprenderla “de golpe”. ¡Y aprendes! Es un ahora o nunca 😉

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Nueva York desde el mirador Top Of The Rock

Sin duda, es un episodio de cambios y de adaptación a nuevos hábitos en el que de vez en cuando uno puede sentirse perdido o si más no frustrado. Es por eso que necesitamos conectar con nuestra cultura de origen para, de alguna forma, recordar de dónde vienes y por qué estás aquí.  No te imaginas la emoción que se siente cuando tus amigos cercanos (y no tan cercanos) y tu familia te demuestran su admiración y orgullo por lo que estás haciendo, por tu valentía, esfuerzo, evolución… por verte feliz cumpliendo un sueño. Recibir este tipo de mensajes o feedback hace que seas consciente de que lo estás logrando, de que algo estás haciendo bien. Y uno se siente genial, porque no cualquiera se atreve a hacer lo mismo, aunque pueda ser capaz si lo intentara.


Me gustaría terminar el post con una cita de la película HUGO: “Todo tiene su propósito, hasta las máquinas. Los relojes te dicen la hora, los trenes te transportan. Hacen lo que deben hacer. Quizá por eso las máquinas rotas se ven tristes, no hacen lo que deben hacer. Quizá sea igual con las personas, si pierdes tu propósito es como si te rompieras.” Si estás leyendo esto, sal y busca tu propósito. Avanza superando los baches correspondientes, los errores que tengas que cometer. Aprende en su transcurro y disfruta de ello, pues es tu propósito, tu sueño, tu decisión. Encuentra una fuente de inspiración y déjate llevar por lo que te apasiona en esta vida. Recuerda que no se trata de escoger “el camino correcto” sino de construirlo a tu manera.

Judith

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