Brighton: El Trayecto En Bus Más Absurdo De Mi Vida

¿Alguna vez te has subido en un bus sin saber a dónde iba? Bien. Yo lo hice una vez, y me pilló en el extranjero.

En el viaje que hice a Inglaterra hace dos años me hospedé en casa de una familia en Saltdean, un pueblo costero a 2 kilómetros aproximadamente de Brighton.

Una estudiante danesa y yo teníamos que coger un autobús cada día para llegar a la escuela, que se encontraba en un extremo de Brighton. El primero de esos días decidimos quedar a la misma hora en una parada para hacer el trayecto de vuelta juntas, y así evitar perdernos.

Uy, lo que acabo de decir… “evitar perdernos”. La cosa fue de la siguiente manera. Brighton y sus alrededores están repletos de autobuses rojos dando vueltas de arriba abajo, de izquierda a derecha. La mujer de la familia que nos acogía nos explicó qué números nos dejaban cerca de la escuela y de su casa.

Resulta que el número lo escogimos bien, pero la parada no la acertamos ni de broma. Mi compañera de habitación y yo nos sentamos en aquel bus relajadas y felices por pasar el verano en Inglaterra. Comenzamos a hablar de varios temas y lo mejor era que ambas confiábamos en que la otra sabría llegar bien a casa.

Entonces miré el reloj. La hora no me cuadraba… Había pasado demasiado tiempo porque el trayecto de ida fue mucho más corto. Para asegurarme, le pregunté a la danesa: – ¿Tú sabes por dónde estamos?. Y ella respondió: No. ¡Pensaba que lo sabías! ¿Tú tampoco lo sabes?…

M*erda.

Menudo tour nos dimos por la costa inglesa. Al menos el paisaje era bonito y aproveché para sacar alguna foto de recuerdo. Al vernos alborotadas, un señor barbudo sentado en la otra ventanilla nos preguntó si estábamos perdidas (era bastante obvio). Nos dio una respuesta sabia (usó la lógica, no como nosotras) y dijo que bajásemos y cogiésemos el bus en la otra dirección.

Después de pasar casi una hora dando vueltas por la costa, llegamos a nuestro destino: Saltdean, y en concreto, la parada Longridge Avenue.

Sí. La recuerdo porque nunca más me volví a perder en aquel viaje. Esta aventura de joven novata me enseñó varias cosas. Por ejemplo, a fijarme más en lo que hay a mi alrededor, a preguntar sin miedo cuando tenga un problema o a darme cuenta de que mediante la experiencia uno crece.

Dicen que de los errores se aprende, ¡y eso fue lo que hice!

Judith

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