Amsterdam: Érase Una Vez Bicicletas Sin Frenos, Casas Inclinadas y Mucha Cerveza

Quiero presentaros a Antía, la primera invitada en The Young Hiker. Tuve la ocasión de conocerla en la academia de inglés. Los profesores siempre preguntan por nuestros hobbies, entonces descubrí que teníamos varios en común. Uno de ellos, viajar. Ella tecleará el post de esta semana. Así que… Antía, ¡sube al escenario! 

¡Que cante! ¡Que cante!

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Todos tenemos algún lugar que desde pequeños queríamos conocer. Uno de los míos era Amsterdam. Quizá sea por los quesos y los tulipanes que caracterizan a Holanda, puede ser por sus canales o bien por las famosas bicicletas y la mentalidad abierta y tolerante de su gente… No lo sé, pienso que es una atmósfera única y diferente que hace que esta ciudad sea especial y merezca la pena conocer.

Mi viaje comenzó con la llegada al aeropuerto de Schipol, el cual está a unos 20 minutos de la Estación Central en tren, que puedes coger dentro del mismo aeropuerto.

Nada más salir de la Estación Central, mis amigos y yo nos dirigimos a la Plaza Damm por la calle Damrack. De camino nos entró el hambre y decidimos parar a probar algo muy típico en Holanda: las deliciosas Vlaamse frites de Vlaamse Friet Snackland. Las Vlaamse frites no dejan de ser unas patatas fritas con mayonesa, pero os aseguro que tienen algo especial (y es barato, unos 2,20€ un cono “pequeño” y lo digo entre comillas porque es una ración generosa).

Con el estómago lleno, nos dirigimos a las calles que rodean la plaza Damm. Aquí encontramos los famosos Coffee Shops (merece la pena entrar y ver la decoración y el ambiente, como The Bulldog, en el Barrio Rojo) y sitios donde tomar una buena cerveza o seguir llenando el estómago. El Barrio Rojo es reconocido por lo que uno puede encontrarse. Se puede pasear por allí con total normalidad (recordemos que Amsterdam es conocida por su amplia tolerancia y la legalización de la prostitución y drogas blandas como la marihuana), pero sin sacar el móvil ni la cámara de fotos si no quieres problemas.

Al día siguiente, comenzamos a caminar por todos los canales. Entre canal y canal nos topamos con los lugares más destacados, como Bloemenmark (el Mercado de Flores, donde puedes comprar los famosos tulipanes), el Rijkmuseum (un museo enorme donde vi el famoso cuadro de La Lechera), las animadas plazas Leidseplein y Rembrandplein (a partir de las cuales puedes ir a las calles más comerciales). Uno de los mejores sitios que visitamos fue la Heineken Experience. Se trata de una visita a la antigua fábrica cervecera donde vives un montón de experiencias (no digo más, merece la pena ir, aunque es un poco caro) como un viaje en barco por los canales en el que te invitan a unas cervezas, etc.

No podíamos irnos de Amsterdam sin recorrerla como los lugareños: ¡en bicicleta! Recomiendo ir primero por zonas tranquilas.  Los más aventureros pueden adentrarse en el tráfico estresante de los canales principales. Recorrer la ciudad sobre dos ruedas fue una de las mejores experiencias.

El último día decidimos hacer una excursión a los pueblos de Volendam, Marken y otros tantos donde ver los famosos molinos y tulipanes. Lamentablemente, solo pudimos visitar Volendam, pero nos fuimos satisfechos. Las casas parecen de cuento y la gente es muy acogedora (recomiendo meterse por las callejuelas, llenas de casas y puentes pequeñitos). Allí pudimos probar por primera vez los famosos arenques, que se comen cogiéndolos por la cola y sosteniéndolos en lo alto (todo un arte).

Quedaron por ver algunos sitios importantes (Hortus Botanicus, la casa de Ana Frank…), pero por lo general es una ciudad que en un par de días caminando puedes llegar a conocerla bien.

10 cosas imprescindibles que hacer en Amsterdam

  1. Sacarte una foto en la explanada que hay en frente del Rijkmuseum, en las letras de “I Amsterdam”. Es muy divertido meterte entre las letras, subirte a ellas…
  2. Probar los quesos holandeses. Si estás por la calle y tienes hambre, dirígete a una tienda de quesos, porque los puedes probar gratis y están riquísimos.
  3. Saborear las famosas galletas holandesas (una especie de gofres ultrafinos con una especie de crema de caramelo, miel y vainilla dentro: delicioso). Si te coincide pasear por algún mercado, busca en los puestos de comida si las hacen caseras y al momento. Merece la pena tomarse una recién hecha.
  4. Tomar una buena cerveza. Allí se toman las pils, normalmente de Heineken. También está muy buena la bockbier, de gusto más suave y algo dulce.
  5. Montar en la bicicleta alemana (y subrayo lo de alemana, porque entonces no tendría gracia), que no tiene frenos, pues se frena pedaleando hacia atrás. Sí, suena a “huesos rotos al volver a casa”, pero es fácil acostumbrarse y van más fluidas que las bicis “de aquí”.
  6. Comprar tulipanes. Hay bulbos, en lata, frescos, de plástico… ¡No hay excusa para no llevarse unos! 
  7. Probar las Vlaamse Frites (sí, lo digo otra vez, pero es que están deliciosas y es muy típico allí). 
  8. Salir de fiesta o tomar algo al menos una noche. Merece la pena ver el ambiente, es diferente. La gente va, como decimos aquí “a su bola”. Recomiendo ir a Escape, Odeon (para mi gusto de lo mejor, con tres pisos y en cada uno de ellos un estilo diferente de música) o Melkweg (un multicentro con teatro, conciertos, etc.).
  9. Dar un paseo en barco por los canales. Es otra manera de ver la ciudad y muy bonita. No dejan de sorprenderme las famosas casas flotantes, y que si les quieres enviar una carta te encuentres con direcciones como “Amstel, 41” (sí, el río Amstel). 
  10. Perderte por las zonas y explorar un poco. Recomiendo pasear por el canal Prinsengracht. Pasarás por delante de la casa de Ana Frank, verás casas flotantes (un montón) y casi al final, en Lindengracht, me topé con un mercadillo en el que había una mezcla de turistas y gente local. Allí vendían de todo: desde productos gastronómicos hasta collares preciosos o antigüedades.

Algunas curiosidades

  • Las casas están algo inclinadas hacia delante y todas tienen un gancho, pero tiene su explicación. Resulta que el gancho sirve para introducir cosas voluminosas en las casas debido a que las escaleras son muy estrechas. La inclinación está hecha expresamente para que al subir las mercancías por el gancho no se dañe la fachada.
  • Las bicicletas tienen un sistema diferente: no tienen frenos en el manillar sino que tienes que pedalear hacia atrás para frenar.
  • En muchos locales como cafeterías o peluquerías (incluso en algunos restaurantes y tiendas de ropa) hay gatos que acompañan a sus dueños mientras trabajan.
  • Se come mucha comida basura. No es una curiosidad, pero llamó mi atención ver que allí abundaban sitios de comida rápida, así que si eres muy de verduras y ensaladas lo pasarás un poco mal.
  • A pesar de que también tienen Nutella y cremas de cacao varias para untar en el pan, lo que se hace más a menudo es espolvorear virutas de chocolate en el pan; me llamó la atención ver que hay de todos los tipos en el súper para ponerlo en tu rebanada.
  • Es impresionante lo acostumbrados que están en Amsterdam a hacer vida en bicicleta. Allí puedes ver a chicas en bici con tacones, el móvil en una mano y la bolsa de la compra en la otra, o bien gente que lleva de todo en la bici y aún así mantiene el equilibrio. ¡Muy curioso!

Antía

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